Un consenso necesario
Sao Paulo. La crisis en Oriente Medio iniciada el 28 de febrero pasado por Estados Unidos e Israel contra Irán y las consecuentes tensiones geopolíticas han generado una alerta global cuyos efectos han comenzado a impactar gradualmente en todos los países por las alzas en los precios del crudo, especialmente en las naciones en desarrollo cuyos pueblos viven la incertidumbre ante los efectos en sus economías dependientes, como es el caso de República Dominicana.
En ese contexto, el presidente Abinader ha llamado a un pacto nacional con el propósito de articular una respuesta conjunta frente a los efectos económicos de la crisis global, entendida ésta como una onda expansiva que terminará impactando e bolsillo y la calidad de vida del pueblo dominicano. En este orden el mandatario ha designado a sus ministros de la presidencia José Ignacio Paliza, de Hacienda, Magín Díaz y de Industria y Comercio Eduardo Sanz Lovatón para iniciar conversaciones con sectores políticos, productivos y sociales del país tras la búsqueda de un consenso frente a la crisis.
Valoramos ese llamado del presidente de la República concebido desde nuestro punto de vista como un consenso necesario, el cual debe desarrollarse en un marco de igualdad y respeto mutuo, evitando dos extremos: primero, que la oposición política no acoja este llamado al azar en la mera intención de oponerse, sino que lo considere con la debida madurez política que amerita, tomando en cuenta además que dos de los principales líderes de la oposición, los ex presidentes Danilo Medina y Leonel Fernández, son conocedores de los efectos que podría generar la referida crisis y pueden colaborar con sus experiencias en este sentido. Segundo, que las medidas para responder a los efectos de esta crisis estén orientadas a garantizar la estabilidad de precios y abastecimiento de alimentos, productos y servicios básicos para mitigar dichos efectos y proteger la economía del pueblo dominicano.
Cabe destacar que con este llamado se procura buscar respuestas a una cuestión de fondo en los aspectos económicos y sociales, más allá del significado político que le puedan otorgar. Se trata de articular una respuesta eficaz bien estructurada para enfrentar una crisis de indescriptible dimensión y de alcance global.
Desconocemos en este momento las medidas que el Gobierno central propondrá a los interlocutores convocados, no obstante, me permito sugerir que se debiera empezar recortando una serie de subsidios a los sectores industrial, eléctrico y de transporte, lo que ha demostrado en distintas ocasiones de crisis es financieramente insostenible. Hemos visto cómo en los últimos días desde el inicio del conflicto en Oriente Medio se han manejado alzas semanales en los precios de los combustibles, llegando a traspasar la “estabilidad sostenida” en base a subsidios lo que está marcando claramente que el tope fiscal para contener el reflejo de las alzas del crudo a nivel internacional se ha reducido considerablemente.
Según fuentes oficiales, el Estado ha destinado RD$6,486 millones en subsidios extraordinarios para evitar el impacto del precio internacional del petróleo en la vida del consumidor. En la semana que transcurre los precios del galón de gasolina y gasoil se incrementaron en 9 y 7 pesos respectivamente, debiéndose incrementar el subsidio en 1,900 millones de pesos lo que demuestra el gran sacrificio fiscal que esto implica.
Aseguran las mismas fuentes que esa dinámica de gasto en treinta días representa más de la mitad del presupuesto destinado a dicho renglón para el año completo. Esto constituye un alerta política y social que debe llamar la atención, porque, de seguir este curso, irremediablemente obligaría esta situación a pasear sobre el parqueado durante años Pacto para la Reforma Fiscal, cuya puesta en vigencia no ha permitido la misma situación agravada hoy.
Reflejos de algunos impactos económicos por las alzas del crudo
Desde el inicio de la guerra, el petróleo WTI ha subido cerca de US$30 dólares, aumento que se transmite parcialmente hacia toda la canasta de hidrocarburos que importa el país. Como referencia, por cada US$10 de incremento en esa canasta, la factura petrolera podría aumentar entre US$750 y US$800 millones. Partiendo del precio base establecido en el Presupuesto General del Estado de 2026, de US$65 el barril, el impacto en las cuentas externas del país en sus importaciones de petróleo, asumiendo un precio conservador de US$90 el precio del WTI, ronda entre los US$1875 y los US$2,000. Esto se traduce en más divisas para importar los mismos volúmenes, deteriorando la balanza comercial, presionando el tipo de cambio y arriesgando un traspaso hacia la inflación.
El impacto en la balanza de pagos podría llegar al 2.5% del Producto Interno Bruto (PIB) y la tasa de cambio podría encaminarse hacia un proceso de inestabilidad mayor, así como hacia un incremento en el índice de precios al consumidor.
El subsidio semanal a los combustibles se multiplicó por diez, pasando de RD$130 millones antes de la guerra a cerca de RD$1,200 millones en la semana que transcurre. El impacto sobre el subsidio eléctrico será aún mayor. Junto a tasas más altas, menor crecimiento y mayor depreciación cambiaria; la deuda como proporción del PIB también aumentará.
Otros impactos sobre la economía
El golfo Pérsico concentra casi la mitad de las exportaciones mundiales de fertilizantes cuya producción es intensiva en gas natural, como la urea. Si bien República Dominicana no importa directamente de allí, la reducción de la oferta global y el aumento del precio del gas los encarecerán. El impacto llega con rezagos, pero cuando lo haga, atentará directamente contra el poder adquisitivo de los hogares de menores ingresos, presionando una inflación de alimentos que ya venía acercándose a doble dígito.
El sector construcción enfrenta su propio shock. Cerca de la mitad del acero, hierro y aluminio -importaciones que superan los US$1,400 millones anuales- proviene del sudeste asiático. El encarecimiento de los combustibles no solo presionará el precio de estos insumos, sino también el costo de transportarlos.
El turismo, columna vertebral de nuestra economía, enfrenta vientos en contra, reflejado en tarifas aéreas más altas y mayor aversión a viajar. Si miramos hacia el futuro, los viajeros que visitaban Oriente Medio buscarán destinos alternativos. República Dominicana tiene potencial para capturar parte de ese mercado.
Como vemos, el momento exige que las autoridades proyecten control, coordinación y capacidad de respuesta. Ese plan debe partir por la protección a los hogares, especialmente los más vulnerables. Primero, el Gobierno debería anticiparse al alza de los fletes que se avecina y evitar que termine penalizando importaciones estratégicas como fertilizantes, otros insumos agropecuarios, medicamentos y materiales de construcción, un sector clave de cara a la reactivación económica.
El Gobierno debería considerar un programa contracíclico de inversión en infraestructura, priorizando obras de rápida ejecución y alto multiplicador sobre actividad y empleo, distribuidas en el territorio nacional.
En paralelo, es oportuno transformar la política de subsidios, pasando de la generalización a la focalización. El congelamiento de precios que acaba de levantarse consumió durante años recursos fiscales de manera regresiva, beneficiando indiscriminadamente a hogares de altos y bajos ingresos. De igual forma, es el momento de ponderar los subsidios por concepto de gastos tributarios al sector hidrocarburos, que para este 2026 ascienden a 13,748 millones de pesos.
Ante esta situación de crisis internacional y su impacto regional y nacional un consenso como lo hemos descrito es más que necesario, urgente.
