De la batalla a la victoria

Sao Paulo.- No acostumbro a usar esta columna en este prestigioso medio para hablar de temas personales, pero en aras de la transparencia, un sello distintivo de mi vida, quiero compartir, con mis compañeros, amigos, familiares, tanto de mi país como a muchos amigos y compañeros del exterior, mi situación de salud que me ha obligado a ausentarme durante los últimos seis meses de mis labores cotidianas en mi país, República Dominicana.

Lo mismo hice hace cinco años cuando tuve que ausentarme de mis labores cotidianas, ocasión en la que me expliqué a través de un artículo publicado en este medio en fecha 25 de octubre de 2021 bajo el título “Mi dolor en el silencio.”

La batalla que titula esta entrega comenzó en diciembre pasado, una semana después de haberme auto detectado una protuberancia en la parte inguinal de la pierna izquierda e inmediatamente contacté a mis médicos en Santo Domingo, quienes indicaron estudios de imágenes con y sin contraste, resultados que envié a mis médicos del Hospital Sirio Libanés en esta ciudad de Brasil quienes requirieron mi presencia con carácter de urgencia para determinar de qué se trataba.

Salí de mi país el 25 de diciembre, Día de Navidad, hacia Sao Paulo, ingresando al hospital el 26. Este mismo día me hicieron una biopsia y se determinó que se trataba de un linfoma de células T (ATLL) causado por un virus clasificado en el tipo HTLV, lo cual, según el informe patológico no guarda relación alguna con mi antecedente del diagnóstico estomacal de 2020.

Desde esa fecha hasta hoy he estado recibiendo el tratamiento médico prescripto por un equipo multidisciplinario de especialistas, integrado por hematólogo, patólogo, hepatólogo, gastroenterólogo, cardiólogo, nutriólogo, bajo la coordinación del director cardiológico del hospital, doctor Roberto Kalil Filho.

De acuerdo al diagnóstico, el equipo médico definió un protocolo que comprende cuatro sesiones de quimioterapias cada veinte días, complementado con inmunoterapia, además de quince sesiones de radioterapias, de la cuales, a la fecha de publicado este artículo recibo la sesión 12, aplicada de forma focalizada en el punto de la lesión, de manera exitosa, para que cualquier vestigio de células malignas que pudiera quedar sea totalmente erradicado.

La batalla continúa, ahora en una fase de recuperación y seguimiento acompañado de los efectos colaterales acumulativos de este protocolo de tratamiento, consistentes en pérdida del pelo, de barba, de masa muscular, apetito, fuerza corporal, lo cual se ha estado contrarrestando con nutrición parenteral, multivitamínicos, fisioterapias, complementado con el humanismo que caracteriza el ejercicio médico de estos equipos.

El equipo médico

Más que un equipo médico por su naturaleza, es un equipo multidisciplinario de científicos que basan sus saberes y consultas a sus pacientes en el humanismo como esencia de la aplicación de la medicina. Hace cinco años desde que visité por primera vez este hospital, compruebo de manera directa esta característica, que, acompañada de los medicamentos y estudios prescriptos surten un efecto positivo inmediato en mi patología.

El humanismo, la afectividad, la cercanía, el amor con que tratan al paciente, de lo cual he sido beneficiario, originan el nacimiento de una relación amistosa y empatía, más allá de la labor profesional. Esto se manifiesta desde los médicos especialistas y médicos de sus equipos, personal técnico, enfermeras hasta camilleros, personal de limpieza, de cocina, entre otros, que hacen de la estadía en un cuarto del hospital un espacio como en nuestra propia casa.

En esta ocasión el equipo médico que me ha recibido y dado seguimiento a mi tratamiento, está integrado por: doctora Yana Novis, hematóloga, doctor Edison Roberto Parise, hepatólogo, doctor Esper Kallás, infectólogo, doctor Raúl Cutait, gatro-oncólogo, doctora Alice Roxo Nore De Sousa, radióloga, doctor Paulo Ribeiro, nutriólogo, coordinados por el doctor Roberto Kalil Filho, director de cardiología, una eminencia de la medicina brasileña, quien el pasado viernes 22 recibió el honor como Miembro Titular de la Academia Nacional de Medicina e Inmortal de la medicina de Brasil, en un concurrido acto en Río de Janeiro que contó con la presencia del presidente Luiz Inacio -Lula- Da Silva, entre otras autoridades, familiares y compañeros de la medicina.

Cada mañana durante el internamiento en el hospital recibo la visita de estos especialistas junto a sus equipos para informar las buenas nuevas del desarrollo del tratamiento y los protocolos a seguir; fuera del hospital, el seguimiento continúa mediante contactos telefónicos.

De estos equipos y acompañantes, amigos todos, aunque un poco difícil memorizar sus nombres, cabe citar a las doctoras Marcia, Elizabeth, Amandha, Bruna, Isabella, del doctor Kalil, Daniel, María Fernanda, de la doctora Yana, Larissa, del doctor Parise, Roger y Mathew, del doctor Cutait, Fabiana, del doctor Esper, Anna, del doctor Ribeiro, doctor Víctor, de radiología. Un gran honor para mí recibir sus atenciones médicas, recomendaciones, cuidados y su amistad.

Agradecimientos

En primer lugar, mi eterna gratitud al Hospital Sirio Libanés, una institución filantrópica de la salud, con una centenaria historia de su fundación, por recibirme entre sus pacientes; a Su Eminencia Médica doctor Roberto Kalil y el equipo multidisciplinario de especialistas médicos que han hecho posible el estado de recuperación de mi salud durante esta batalla, a los amigos, tanto de mi país República Dominicana como del exterior que me han acompañado a través de sus mensajes escritos, llamadas o visitas personales, como han sido de Italia, Santo Domingo, Panamá, Venezuela, China. Asimismo, mi agradecimiento al señor presidente de la República, Luís Abinader, que ha estado pendiente, con sus llamadas, a Rita Abinader que vino a verme en nombre de la familia, al expresidente Danilo Medina, presente con sus llamadas. Todos han sido parte de esto.

Debo agradecer también al doctor Horacio Bargiela del Hospital de Clínicas Caracas, de Venezuela, al doctor Peter Distler, gastroenterólogo de los Estados Unidos, por estar pendientes mediante llamadas y aportar con sus oportunas opiniones sobre mi estado de salud, así como su interacción con los médicos del Hospital Sirio Libanés en el momento que les he requerido.

La victoria

El pasado 7 de mayo, habiendo concluido el protocolo de la quimioterapia, se procedió a una revisión general de todo mi cuerpo para verificar la existencia o no de algún órgano comprometido como consecuencia del diagnóstico y la certeza de que esta nueva dolencia no tiene relación alguna con mi dolencia anterior de hace cinco años.

Se realizó un Pet Scan o Pet-CT cuyo resultado dio inicio a la victoria, porque de acuerdo con el informe médico, la principal razón de este prolongado tratamiento, afortunadamente la lesión por el linfoma ha sido superada totalmente y ningún otro órgano de mi cuerpo ha sido comprometido. Esta grata noticia fue de gran satisfacción para mí como para los médicos y su personal, como tal, la compartí de manera particular con los amigos que me visitaron y contactaron vía telefónica, que también ahora comparto con todos mis compañeros, familiares, amigos y los amables lectores.

Un aspecto importante de esta victoria es que comienzo a superar algunos efectos colaterales, como es la inapetencia.

Lo vivido durante estos largos seis meses en Sao Paulo, sin desvincularme del acontecer nacional de mi país e internacional, aunque me restan algunos días para las conclusiones y recomendaciones médicas a seguir, lo he denominado “de la batalla a la victoria” porque realmente así ha sido el resultado final.