Trump y la soberanía nacional

No caben dudas de la influencia de los Estados Unidos de Norteamérica y su presidente Donald Trump en decisiones del actual gobierno dominicano, de forma tal que se ha generado una crisis de la soberanía nacional. De más nuestro país ha vivido actos injerencistas, pero sobre todo entreguistas del presidente Luís Abinader que evidencian esa influencia. El más reciente acto después de la acción diplomática contra la República de Cuba es el caso del denominado “mapa de Trump”.

Como parte de sus cavilaciones y celeridad emotiva descontrolada el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump, publicó de manera unilateral un mapa en su cuenta de Truth Social en el que los territorios de México, Groenlandia, Canadá, Islandia y República Dominicana como parte del Caribe, están cubiertos por la bandera estadounidense e identificados como “Estados Unidos de América”.

Esta acción, por lo que implica en sí misma para las naciones independientes y soberanas se inscribe en las pretensiones expasionistas que desde el inicio de su segundo mandato ha estado aspirando Trump, como son renombrar el Golfo de México, el Lago Ontario, adherir a Canadá como el estado número 51 y tomar el control de Groenlandia y Dinamarca, en lo cual también llegó a tirar una especie de nube respecto a Venezuela.

El referido mapa, que ni es un dibujo de estudiante aficionado a las artes ni una foto para catálogo, tiene una profunda implicación geopolítica dentro de la visión maximalista de Trump; y lo usa además para enviar un meta mensaje a las naciones asediadas, bloqueadas, acusadas de terrorismo y amenazadas de intervención militar, como lo es actualmente Cuba; también lo hace como forma de distraer, con su peculiar y controversial estilo, la atención mediática que pesa sobre el debilitamiento de la economía norteamericana, los reveses de su política de aranceles, de sus aspiraciones políticas electorales, así como sus reveses frente a la guerra con Irán por el control petrolero.

Tan pronto publicó su mapa, líderes de diversos países expresaron su rechazo a esa acción injerencista y hegemónica que irrespeta su soberanía y autodeterminación. Tales fueron las reacciones de la presidente de México, Claudia Sheinbaum, quien con firmeza calificó ese acto afirmando que “México es orgullosamente un país libre, independiente y soberano”; que su país “no es ni será colonia ni protectorado de ningún país extranjero”; Islandia calificó la acción como un insulto y convocó de inmediato al embajador estadounidense; el ministro de Exteriores de Dinamarca, Lars Lokke, expresó por la emisora nacional: “Es inquietante en muchos sentidos, completamente inapropiado.” Mark Carney, primer ministro de Canadá también reaccionó airado con firmeza expresando de manera categórica que no comprometerá la soberanía de su país ni aceptará tácticas destinadas a debilitar o convertir a Canadá en vasallo.
¿Y qué ha dicho el presidente dominicano? ¡Nada! porque hemos perdido la capacidad de decisiones soberanas frente a ese tipo de agresiones. Su silencio es parte de la entrega de nuestra soberanía a los Estados Unidos.

El nivel de complacencia de este gobierno hacia Donald Trump y su Secretario de Estado, es tal, que lejos de desarrollar unas relaciones de mutua conveniencia y respeto en beneficio del país, presta el territorio dominicano para el desarrollo de estrategias geopolíticas contra naciones hermanas, al extremo de que hoy, la nueva representante diplomática de los Estados Unidos llegó con una agenda política más que diplomática y la está aplicando a su manera. Por eso, entre otras razones, el cuestionado mapa no les genera preocupación.

Agudiza la crisis de soberanía

Desde febrero del pasado año, comenzamos a advertir públicamente sobre la crisis de soberanía que avanza en República Dominicana, consecuencia, lamentablemente de la política entreguista del actual gobierno frente a los Estados Unidos de Norteamérica y su presidente Donald Trump con su política injerencista, hegemónica y expansionista.

Sabemos que los Estados Unidos es el principal socio comercial de República Dominicana, eso no está en cuestión, Las naciones libres, independientes y soberanas pueden mantener sus relaciones diplomáticas y comerciales, en el marco del respeto mutuo, sin injerencismo ni entreguismo.

El presidente Luís Abinader y su gobierno están actuando en la mayoría de las decisiones de Estado conforme a intereses de los Estados Unidos. Ejemplos ha vivido el pueblo dominicano y la sociedad en general. Para citar solo alguno de mayor incidencia, recordemos la visita del Secretario de Estado Marco Rubio, en febrero de 2025, quien vino a traer indicaciones de su gobierno, más de carácter político contra otras naciones que diplomático. Durante su visita fue a un aeropuerto a colocar una pegatina a un avión del gobierno venezolano sellándolo como incautado (este hecho tiene su verdad histórica que en su momento denunciamos), trajo el mismo libreto aplicado en su país, en junio de 2022, con la cumbre excluyente para que sea aplicado en la X Cumbre de Las Américas que se celebraría en República Dominicana a finales de 2025, vetando la participación de Cuba, Nicaragua y Venezuela en sus justos derechos.

Con esa docilidad hacia los Estados Unidos y su presidente, el gobierno dominicano se coloca de espaldas a una diplomacia de paz, que debe ser siempre una paz en soberanía. Cabe mencionar aquí la postura de la presidenta de Perú, Keiko Fujimori, aunque impuesta por Donald Trump como en otros casos recientes en procesos electorales de países de la región, luego de incorporar a Perú al denominado Escudo de las Américas, defendió la soberanía nacional asegurando que la adhesión a dicha iniciativa no afecta la soberanía del país y que el Estado actuará firmemente bajo el marco de la Constitución y las leyes. Textualmente afirmó que su gobierno no se inmiscuirá en asuntos de Estados Unidos contra China, garantizando que Perú mantendrá una postura neutral y no intervendrá en las disputas geopolíticas y comerciales entre ambos países.

¿Qué le cuesta al presidente dominicano actuar en respeto a la soberanía nacional? Parece no darse cuenta del costo de su docilidad ante Estados Unidos contra nuestra soberanía.

En este contexto, la acción más inverosímil ocurrida el 13 de agosto fue la expulsión de diez diplomáticos cubanos de la Embajada de esa hermana nación en República Dominicana, sin darle una explicación válida al Estado representado ni al pueblo dominicano que con el cubano mantienen unas profundas e indestructibles relaciones históricas, que van desde el Cacique Hatuey, pasando por el general Máximo Gómez y el Apóstol José Martí, de compartir un Héroe Nacional, como el comandante Delio Gómez Ochoa, a la actualidad en que los dominicanos, como el resto del mundo, excepto Estados Unidos y dos o tres aliados, manifiestan su permanente solidaridad con el pueblo cubano demandando el fin del inhumano bloqueo que lo priva de sus derechos a la salud, a la vida, al desarrollo.

El silencio de las autoridades competentes dominicanas frente a las cubanas, amparándose en la discrecionalidad que le confiere la Convención de Viena, solo tiene explicación en el recetario de Trump y la obediencia de la parte dominicana. Esta acción, a todas luces política más que diplomática, ocurre justo en la fecha de las conmemoraciones en casi todos los países del centenario del natalicio del líder de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, lo que ha generado una serie de interrogantes para cubanos y dominicanos, que tienen respuestas, aunque el gobierno dominicano no las quiera dar.

Todo este rosario de acciones provenientes de la injerencia estadounidense y el entreguismo del gobierno reafirman la agudización de la crisis de soberanía que vive la República Dominicana. Esto no es un asunto ideológico, la defensa de la soberanía debe estar por encima de cualquier discrepancia ideológica, étnica o religiosa. Es un tema de nación que todos los buenos dominicanos debemos estar siempre prestos a defenderla en el escenario que nos impongan las circunstancias.

Reiteramos nuestra preocupación en este sentido y abogamos por que nuestras autoridades emulen los ideales de los próceres independentistas que ofrendaron sus vidas luchando por una Patria libre, independiente y soberana de toda potencia extranjera.