La era Trump está llegando a su fin
Las cartas están sobre la mesa de cara a 2028. No hay razón para pensar que un presidente cuyo sentido de la realidad se deteriora visiblemente semana a semana vaya a ser capaz de revertir su imagen en los próximos dos años.
Anoche, el pueblo estadounidense le asestó una derrota aplastante a Donald Trump y al Partido Republicano. A continuación, cinco conclusiones preliminares de los resultados de las elecciones de medio término:
1. La derrota es toda de Trump
Cualquiera sea el aspecto que se considere en el colapso que fueron las elecciones intermedias evidencia una nueva forma en que Donald Trump ha debilitado al Partido Republicano.
En Texas y Carolina del Sur impuso para el Senado a sus candidatos preferidos, Ken Paxton y Darline Graham, por encima de las opciones principales de los partidos estatales. Ambos eran pésimos candidatos y peores en campaña, lo que le facilitó enormemente el trabajo a los demócratas. En Florida impulsó un agresivo gerrymandering [manipulación de distritos electorales] que movilizó al electorado demócrata sin lograr sumar un solo escaño adicional para los republicanos.
A nivel nacional, una guerra abiertamente criminal contra Irán, sumada a su negativa a atender el malestar social por el costo de vida, lastró a todos los candidatos republicanos del país. Durante las últimas semanas, Trump le imploró a los votantes que actuaran como si su nombre estuviera en la boleta. Le tomaron la palabra.
2. El dinero de los multimillonarios no alcanzó
Una de las razones por las que Trump y el resto del partido se sintieron con el poder de ignorar las señales evidentes del electorado fue su aplastante ventaja financiera.
Un puñado de multimillonarios —entre ellos Elon Musk, Miriam Adelson, los hermanos Winklevoss y Ken Griffin— inyectó sumas verdaderamente astronómicas en los super PACs republicanos. El super PAC personal de Trump, MAGA, Inc., contaba con más de 400 millones de dólares en caja. Eso superaba la suma acumulada del super PAC demócrata del Senado, el de la Cámara de Representantes, el Comité de Campaña Senatorial Demócrata, el Comité de Campaña del Congreso Demócrata y el propio Comité Nacional Demócrata. La mayor parte de esa liquidez se volcó al Senado, donde el Partido Republicano superó el gasto demócrata en casi un 50%.
Los republicanos confiaban en usar esta montaña de dinero para aplastar a los demócratas en estados como Texas. No alcanzó ni de cerca: un dato revitalizante para cualquiera a quien le preocupe el impacto antidemocrático del gran capital en la política.
3. Comienza el ajuste de cuentas con Trump
Debido a los dos puntos anteriores, los dirigentes republicanos no tardarán en darle la espalda a Trump. Las cartas están sobre la mesa de cara a 2028. No hay razón para pensar que un presidente cuyo sentido de la realidad se deteriora visiblemente semana a semana vaya a ser capaz de revertir su imagen en los próximos dos años. Cualquier republicano con aspiraciones a futuro se apurar a tomar distancia del gobierno.
Los pocos dirigentes que se enfrentaron abiertamente a Trump en los últimos años, como Ron DeSantis, ya le achacan la responsabilidad de la derrota y reclaman un cambio de rumbo en el partido. Definir ese rumbo será un proceso caótico y virulento, con cruces abiertos entre las distintas facciones. Pero con cada día que pase habrá menos motivos para que la tropa le siga rindiendo pleitesía a Trump.
4. Los demócratas obtuvieron su mayor ventaja en el Congreso desde 2014
La magnitud de la ventaja demócrata en el Congreso es contundente. Hasta el miércoles por la mañana, la mayoría de las proyecciones le otorgan a los demócratas alrededor de 245 bancas en la Cámara de Representantes y entre 54 y 55 en el Senado. Esto los ubica en una posición similar a la de los republicanos en 2014, cuando el GOP amplió su mayoría en la Cámara Baja y recuperó el Senado de manos de los demócratas.
Desde que arrancó la era Trump, ningún partido había conquistado mayorías de semejante calibre en ambas cámaras.
Tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado, este margen reduce drásticamente el poder de chantaje de las pequeñas minorías internas. En el Senado, John Fetterman no podrá frenar la agenda progresista como supieron hacerlo Joe Manchin y Kyrsten Sinema durante la gestión de Biden. Del mismo modo, en la Cámara Baja, ni siquiera el bloque ampliado de legisladores socialistas alcanzará a constituir por sí solo el margen de victoria de la mayoría demócrata.
En este contexto, la política demócrata tenderá a alinearse con el centro de gravedad del bloque parlamentario de cada cámara en lugar de someterse al veto de unos pocos legisladores estratégicos.
5. La izquierda sigue marcando un rumbo ascendente
En todo el país fue una noche extraordinaria para la izquierda. Los candidatos de Democratic Socialists of America (DSA), como se preveía, se impusieron en las elecciones generales en distritos clave como Nueva York, Colorado y Míchigan. Además, lograron bancas en las legislaturas estatales en contiendas muy disputadas en Kentucky y Florida. Figuras como Troy Jackson y Abdul El-Sayed —a quienes se asocia habitualmente con DSA aunque no sean militantes orgánicos— también ganaron elecciones que se leían como un test de fuerza para el ala progresista del Partido Demócrata.
Por su parte, Angie Nixon, militante de DSA que dio el batacazo en las primarias para la banca del Senado por Florida, quedó a apenas unos puntos de ganar en un estado que la mayoría de los analistas liberales daban por perdido como «rojo» e «irrecuperable». Mientras tanto, las encuestas a pie de urna revelaron que el número de votantes jóvenes que se autodefinen como socialistas democráticos triplica al de aquellos que se identifican con el movimiento MAGA.
El proyecto político de DSA está lejos de haber alcanzado su techo, y estos resultados confirman que es momento de dar la batalla en nuevos terrenos.
Por Paul Heideman es doctor en Historia por la Universidad de Rutgers.
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