Los pueblos se levantan en defensa de Cuba

Sao Paulo. Un fantasma recorre las redes sociales y tensa la ya de por sí grave situación mundial: el de una posible agresión imperialista estadounidense a la isla revolucionaria y socialista que no se rinde, situada a apenas 90 millas de las costas del imperio.

Algunos dicen, y tienen parte de razón, que no es nada nuevo, que esa amenaza pende sobra Cuba desde enero de 1959, cuando el pueblo armado, bajo la dirección del Movimiento 26 de Julio y de Fidel, osó derrocar a una dictadura asesina y corrupta, como la de Fulgencio Batista, apoyada y armada por los Estados Unidos.

Pero esta amenaza tiene características inéditas. Hoy los Estados Unidos, una superpotencia mundial con un presupuesto militar para el presente año de $901,000 millones de dólares, acaba de proclamar a la isla vecina, según el decreto recién firmado por el presidente Donald Trump, como “una amenaza inusual y extraordinaria para su seguridad nacional”, lo que “justifica” el establecimiento de un bloqueo total. Y eso es de una extrema gravedad y peligro.

Los Estados Unidos han bloqueado navalmente a la isla en dos ocasiones anteriores: en 1898, durante la Guerra Hispano-cubano-americana y en 1962, durante la llamada Crisis de los Misiles o Crisis de Octubre. En ambas ocasiones, la decisión estuvo relacionada con una guerra en curso, o una conflagración inminente. Nada que ver con el bloqueo actual.

Antes de la firma de este decreto amenazante, Cuba se hallaba afectada por una profunda crisis económica, en la que una buena parte de responsabilidad recae sobre el bloqueo norteamericano, establecido en 1960 y que ha ido apretando con leyes adicionales como la Ley Torricelli y la Helm-Burton, que proyectan sus medidas represivas, ilegales e inmorales sobre terceros países, desmintiendo que se trata de un problema bilateral.

Recordemos cuando la pandemia de Covid-19, que Cuba intentó comprar balones de oxígeno en República Dominicana, con el objetivo de salvar vidas humanas y le fue negado por varias empresas, algunas de ellas dominicanas, temerosas de ser castigadas por el gobierno norteamericano. Lo mismo ocurre con inversores, bancos, navieras y empresas de todo el mundo.

La pregunta elemental que se desprende de un cerco de más de 66 años contra la economía de un país pequeño y sin grandes recursos económicos, con el cual no se está formalmente en guerra, es la siguiente:

¿Puede esa anómala situación, que se prolonga por más de seis décadas, no repercutir en la economía y el nivel de vida de los cubanos, en sus planes de desarrollo y en la cotidianeidad de su pueblo?

Pero, entre a las redes sociales o a los noticieros de los grandes medios corporativos del poder capitalista mundial y verá, con asombro e indignación, que se achacan los efectos del bloqueo en Cuba, no al verdugo, sino a la víctima; no al imperialismo agresor y genocida, sino a quienes sufren esas políticas. El culpable es el gobierno cubano, según estas bocinas imperiales y el rebaño de ignorantes que sin saber nada de la historia de Cuba se atreven a aplaudir, como focas amaestradas, todo lo que creen debilita a la Revolución.

Si falla la generación de energía por falta de petróleo, te dirán que el gobierno cubano trafica con el petróleo que adquiere y que los millones que genera esa operación van a parar a cuentas secretas de los “jerarcas socialistas”. ¿Pruebas de ello? Ninguna, no hacen falta en un mundo de Fake News, post verdad, pancismo y cobardía.

Nunca te dirán, por ejemplo, que el decreto de Trump sanciona a todo país que venda petróleo a Cuba, y que ha interceptado en alta mar, de manera piratesca, buques petroleros que llevaban el combustible necesario para garantizar la vida, la salud y la educación de los cubanos.

Lo más vergonzoso del caso no es que los imperialistas y sus bocinas mientan porque la mentira es inherente a su naturaleza y siempre han mentido. Recuerden que, para “justificar” la invasión norteamericana de 1965, a República Dominicana, se propaló a los cuatro vientos que en el parque Colón “los constitucionalistas fusilaban a curas y monjas”. Recordemos que esa invasión, apuntalada por esas mentiras, costó la vida a más de 300,000 dominicanos, la mayoría civiles.

Lo más preocupante es que personas sin criterio, sin información, ignorantes de la historia, alérgicos a la verdad y a la solidaridad, de alma genuflexa ante el fuerte, apoyen esas mentiras, las compartan y traten de imponerlas a los demás, sin el menor escrúpulo. Y como mismo arremeten contra la Revolución cubana, arremeten contra los países que la apoyan solidariamente, y no la agreden.

No son China, ni Rusia los que bloquean y tratan de matar por hambre y enfermedades a un pueblo digno y hermano, como el cubano: es Estados Unidos.

No son China ni Rusia los que tienen bases militares encubiertas en suelo dominicano, ni atraen peligros innecesarios para nuestra nación ni apoyan las campañas militares agresivas del imperialismo: es Estados Unidos.

No son China ni Rusia los que apoyaron, amamantaron, armaron y protegieron a los tiranos en nuestro hemisferio, como fueron los casos de Pérez Jiménez, Anastasio Somoza, Fulgencio Batista, Alfredo Stroessner, Rafael Leónidas Trujillo, Francois Duvalier, Augusto Pinochet y la junta militar argentina: fueron los Estados Unidos.

No fueron China ni Rusia los que apoyaron el golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963 contra el primer presidente democrático dominicano, Juan Bosch, o el del 11 de septiembre de 1973 contra el presidente chileno Salvador Allende: fueron los Estados Unidos.

No fueron empresas chinas ni rusas las que explotaron las riquezas de nuestros países y depredaron el medio ambiente; las que crearon latifundios y hambrearon por décadas a nuestros ciudadanos: fueron empresas norteamericanas.

Ni chinos ni rusos enseñaron a los militares latinoamericanos a torturar en la Escuela de las Américas, de Panamá; ni cómo dar golpes de Estado; cómo desaparecer oponentes; cómo implementar el Plan Condor: fueron torturadores norteamericanos, como Dan Mitrione.

Es por eso que cuando los pueblos latinoamericanos y caribeños se levanten en defensa de Cuba agredida, como ya lo están haciendo, comprenda que la lucha no es solo por la isla heroica, de patria o muerte, sino también contra las mentiras y las campañas sucias del imperio y sus corifeos viles; contra las justificaciones al imperialismo; contra los cipayos que, de espaldas a sus patrias y a la verdad, se venden por los treinta dineros de la infamia, y cumplen la misión de encadenarnos a un sistema decadente, que está hundiéndose cada día, bajo la presidencia de Trump, en el descrédito y la ignominia.

Los pueblos de Nuestra América y del resto del mundo están y estarán siempre con Cuba, socialista y revolucionaria, la de Martí, el Che y Fidel, hasta la última gota de sangre, hasta el fin de los tiempos.