La COP30 y el calentamiento global
Del 10 al 21 de los corrientes tiene lugar en la ciudad de Belem, en la Amazonía brasileña, la 30 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), en un ambiente marcado por gran optimismo como expresión del compromiso que deberán asumir los países para reducir el calentamiento global y la crisis climática que azota a la humanidad.
El compromiso es claro: convertir los discursos y las promesas en acciones viables para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y la COP30 se constituye en la gran oportunidad tras ese propósito, vistos los recientes impactos que están padeciendo las poblaciones como consecuencias del cambio climático en todas las naciones donde se supone tienen definidas políticas de mitigación y adaptación frente a estos desafíos.
El solo hecho de que esta conferencia sea realizada en la Amazonía brasileña, envía un sensible mensaje a los participantes y actores claves, en razón de que este lugar representa una realidad y potencial de vital importancia para el equilibrio del clima regional y global, lo que muchos todavía no han entendido. De hecho, consciente de ello, el anfitrión, presidente Luiz Inácio -Lula- Da Silva declaró previo a la cumbre que sería una “Conferencia de verdad”, en alusión a las circunstancias, el lugar en que se realiza y los objetivos que persigue frente a los desafíos nacionales, regionales y continentales.
Esta cumbre climática conmemora en el seno de la Amazonía el décimo aniversario del histórico Acuerdo de París sobre el clima, un tratado internacional jurídicamente vinculante, adoptado en 2015, por 196 países en la COP21, con el objetivo global de reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático, aumentar la capacidad de adaptación, fortalecer la resiliencia, reducir la vulnerabilidad. A partir del 2024 los países informarían de manera transparente sobre las medidas adoptadas, programas ejecutados y progresos en materia de mitigación del cambio climático. Alegra saber que ya 113 países han presentado sus planes nacionales para adoptar medidas contra el calentamiento global.
Quedan pendientes acciones y respuestas de compromisos cruciales como el de mantener el aumento de la temperatura global de este siglo muy por debajo de 1,5 grados Celsius; lamentablemente ningún país en el mundo está cumpliendo lo suficiente para alcanzar esta meta. En este orden, Brasil, en su calidad de anfitrión de la COP30 también la ha declarado como una “Conferencia de Implementación” procurando más acción y menos discursos.
El cambio climático: una tragedia del presente
Hay quienes dicen que debemos combatir los efectos del cambio climático pensando en las venideras generaciones. Están equivocados. El cambio climático no constituye una amenaza para el futuro porque hace tiempo es la tragedia del presente y lo estamos viviendo.
El tema del cambio climático se trata de una responsabilidad compartida y diferenciada, por ello muchos cuestionan la celebración de esta cumbre climática sin la presencia de algunos líderes mundiales, pese a que según informaciones de fuentes directas el número de países se ha incrementado. Pero no es de sumar países sino de sumar voluntades y ejecutar las acciones pertinentes, para lo cual se debe poner atención en los presupuestos destinados a estos fines.
El cambio climático se está manifestando cada vez con más fuerza, lo que evidencia que los retos y desafíos siguen incrementándose frente a la urgente necesidad de revisar y reorientar las políticas de mitigación y adaptación y sus impactos en los ecosistemas, las economías, la personas y las infraestructuras, tomando en cuenta, muy en serio, que los países más pobres y los países en desarrollo son los más afectados. De ahí, la máxima de que se trata de una responsabilidad compartida pero diferenciada y esto deben de tenerlo presente los países desarrollados.
Los países más contaminantes se colocan de espaldas a los acuerdos, tratados y compromisos adoptados para acelerar la acción climática. En esta responsabilidad compartida debe ponerse a prueba la unión de voluntades por encima de los intereses económicos y geopolíticos para que sea posible detener los impactos del calentamiento global, de los que ningún país, grande o pequeño, desarrollado o en vía de desarrollo, rico o pobre, está exento. A todos llega.
¿Qué espera la humanidad de la COP30?
Acción transparente. Sobre todo, de aquellos que pese a las evidencias climáticas se convierten en negacionistas de la realidad, se colocan de espaldas a la ciencia y a las respuestas de la naturaleza y el medio ambiente provocadas por la acción humana indiscriminada.
Reconocer avances del multilateralismo. Unir voluntad en la diversidad política, social y cultural, para acelerar la acción climática. Ningún país puede resolver la cuestión climática solo. Se necesita la complementariedad.
Actualizar y asumir en la práctica los planes nacionales de adaptación y mitigación al cambio climático, con énfasis en las emisiones de gases que nocivos en la atmósfera, las cuales al 2035 deben quedar reducidas al 12%.
Impulsar la cooperación internacional para la acción climática
Considerar la participación de las mujeres, los jóvenes de ambos sexos, las comunidades indígenas y pueblos originarios en los programas y planes de la acción climática.
Dar seguimiento estricto al cumplimiento del Acuerdo de París. Y, que el deseo del presidente Lula al definirla como una “Conferencia de verdad y de implementación”, garantice el éxito de la COP30 con el compromiso de todo el liderazgo participante y-o representado.