Fidel Castro y el pueblo dominicano: la hermandad radiante (I)
Sao Paulo. El presente artículo lo escribí para la Revista Caguairán editada por el Centro Fidel Castro Ruz, institución destinada a estudiar, investigar y difundir el pensamiento del líder histórico de la Revolución cubana, dirigida por el buen amigo René González Barrios, el cual será publicado el próximo mes de agosto, en edición especial de dicha revista, con ocasión del cierre de las actividades conmemorativas del centenario del natalicio del comandante Fidel Castro Ruz. Hemos querido adelantar esta publicación a través de esta columna para el conocimiento del pueblo dominicano.
Tuve el honor de conocer al comandante Fidel Castro y al liderazgo de la Revolución cubana, en una primera fase, en mi condición de militante revolucionario, cuando en 1978 el liderazgo del Frente de Izquierda Dominicano -FID- realizamos una visita a La Habana; recuerdo que Fidel celebró esa unidad de la izquierda dominicana y nos expresó que si éramos capaces de mantenerla le haría un monumento en Cuba.
Posteriormente, en una segunda fase, en 1996, en mi condición de Embajador Encargado del Caribe en nuestra cancillería, acompañando al presidente Leonel Fernández, primera visita oficial de un jefe del Estado dominicano a Cuba. En esta visita tuvimos la oportunidad de charlar ampliamente con el Comandante Fidel. Recuerdo que nos ofreció una cena en el Palacio de la Revolución y entre conversación amena disfrutamos de uno de sus platos favoritos, cochinillo ahogado en aceite, hecho en el momento frente a los comensales.
Antes de esta visita, formé parte de la comitiva que fue allí para abrir el consulado dominicano, encabezada por el entonces secretario de la presidencia, Danilo Medina Sánchez, con quien luego volví a la Isla ya en su condición de Presidente de la República, en visita oficial porque ambos países habían establecido relaciones diplomáticas. Luego, en noviembre de 2016 formé parte de la comitiva que acompañó al presidente Medina a los funerales del Comandante Fidel Castro.
En esta entrega especial para esta Revista hacemos una retrospectiva desde nuestra visión como dominicano a la figura del siempre comandante, doctor Fidel Castro Ruz:
No se puede hablar o escribir sobre la hermandad imperecedera que une a los pueblos de Cuba y República Dominicana, en el siglo XIX, sin hablar o escribir sobre Máximo Gómez, como no se puede hablar o escribir sobre el mismo tema, en el siglo XX sin hacerlo sobre Fidel Castro.
El último gran libertador de América, el Generalísimo, tiene a la entrada de la bahía de La Habana un magnífico monumento, quizás uno de los más bellos y emocionantes del país. Alí ondean, siempre abrazadas, las banderas de las dos naciones. Estoy seguro que un día no muy lejano el pueblo dominicano erigirá un monumento a la memoria de Fidel, uno de los no nacidos en este suelo que más contribuyó a su democracia y libertad y que con más derecho puede ser considerado también dominicano, como Gómez es tenido por cubano en la isla vecina.
No se trata de homenajes a las ideas políticas que sustentaron ambos personajes, sino a sus obras históricas en pro de la felicidad de los pueblos por los que arriesgaron sus vidas.
Gómez llegó a Cuba en 1865, en los barcos que repatriaban a los restos del ejército colonialista español, derrotado por los patriotas restauradores, tras dos años de ardua lucha. Llegó ostentando los grados de comandante de caballería de las Reservas Dominicanas, un cuerpo al servicio del opresor. Pronto, las humillaciones e injusticias de las autoridades coloniales en Cuba lo lanzaron al campo cubano, que conspiraba febrilmente por iniciar la lucha por la independencia.
El grito de Yara, el 10 de octubre de 1868, dio comienzo a una contienda que duraría diez años y que terminó por cansancio y desunión de los patriotas cubanos, sin haber logrado sus dos objetivos principales: la independencia de Cuba y la abolición de la esclavitud. En esta guerra Máximo Gómez entró a las filas cubanas como sargento y concluyó como Generalísimo y jefe supremo del Ejército Libertador.
Unas relaciones por siempre
La historia de Fidel Castro y sus relaciones con la República Dominicana son igualmente sorprendentes. Se remontan a la época de sus estudios universitarios, que se inician el 4 de septiembre de 1945, cuando matricula en la Facultad de Derecho. Allí, en un ambiente de luchas reivindicativas, de tradiciones revolucionarias de la lucha contra la tiranía de Machado y de solidaridad con otros pueblos oprimidos, es electo presidente del Comité Prodemocracia Dominicana de la Federación Estudiantil Universitaria. Para ser coherente con esta responsabilidad, se enroló como combatiente en la expedición de Cayo Confites que se preparó en el verano de 1947.
En Cayo Confites, en medio de la incertidumbre reinante, Fidel conoció a Juan Bosch y a otras figuras del exilio dominicano, estrechando una amistad que duraría toda la vida “De todos los dominicanos que conocí-narraría luego-él fue el que más me impresionó… Era allí el hombre de mayor calibre, el más destacado”
La opinión de Bosch sobre Fidel es también fruto de largos años de conocimiento mutuo y de admiración recíproca. “América Latina ha dado tres genios políticos-diría Bosch en una entrevista de 1975-Toussaint Louverture, Simón Bolívar y Fidel Castro.”
La expedición de Cayo Confites fue traicionada, pero la experiencia fue de enorme importancia para los planes revolucionarios de Fidel Castro. La recordó al detalle, aprendiendo las lecciones correspondientes, cuando le tocó organizar el asalto al cuartel Moncada.
En el fallido intento de Cayo Confites, Fidel conoció y se hizo amigo de un lobo de mar dominicano, Ramón Emilio Mejía del Castillo, conocido como Pichirilo, al que caracterizó como “… un dominicano, muy buen marino, una persona muy buena que luego vino con nosotros en el Granma…” Se trataba de un revolucionario cabal, que fue jefe de un comando durante la Revolución de abril, asesinado por la reacción y sus sicarios, el 12 de agosto de 1966, en la zona colonial de Santo Domingo.
En la Revolución cubana, dirigida por Fidel, participaron no pocos dominicanos, exiliados antitrujillistas, destacándose entre ellos el periodista Pablo A. Martínez, asesinado y desaparecido por la tiranía de Batista y Enrique Jiménez Moya, que terminó la lucha con los grados de capitán del Ejército Rebelde, ascendido luego a comandante. Fue designado jefe de las expediciones de Constanza, Maimón y Estero Hondo, que tuvieron lugar entre el 14 y el 20 de junio de 1959.