En memoria de Mariela Betancourt Seeland

Amiga de mil batallas, mujer extraordinaria que, por sus características como un ser humano noble, nos permitió construir una amistad de la que escasean en estos tiempos, basada en el respeto mutuo, la transparencia, sinceridad y solidaridad, hasta el pasado martes 22 de los corrientes cuando nos sorprendió la noticia de su fallecimiento tras estar padeciendo quebrantos de su salud.

Pese a su estado de salud, su deceso nos sorprendió porque un ser humano como ella, siempre alegre y sonriente, portadora de una gran sensibilidad humana, tan entregada a las labores que le correspondían, a su familia, a sus amigos, pendiente a todo el quehacer y acontecer en los países donde le tocó vivir ya adulta, como Cuba, Venezuela y República Dominicana, uno pierde la lógica conocida de que la vida es una condición de la muerte.

Mariela Betancourt Seeland nació en Atenas, Grecia, el 18 de mayo de 1948, cuando su padre desempeñaba funciones diplomáticas de Venezuela en ese país. Posteriormente, en el período de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, su padre se vio obligado a exiliarse en Cuba, allí ella conoció a su esposo, Alfredo Macia, padre de sus hijos Alfredo, Raúl y Alex Macia Betancourt.

Residiendo en Cuba laboró inicialmente en el Ministerio de Asistencia Social en La Habana, siendo designada en 1976 como Oficial de la Embajada de Venezuela en ese país, funciones que desempeñó hasta 1985 cuando fue trasladada a Venezuela al servicio interno de la Cancillería, luego fue trasladada a la Embajada venezolana en República Dominicana donde permaneció hasta su jubilación. En esos cargos y funciones diplomáticas se destacó por su excelente labor mereciendo el reconocimiento no solo de los encargados de Misión sino de sus respectivos gobiernos.

Conversar con ella sobre temas de la diplomacia era como disfrutar la lectura de un buen libro en la temática. Siempre procuraba tomarle un breve espacio de su agenda para conversar sobre diferentes tópicos del acontecer internacional.
Su afición y una faceta muy especial

Mariela fue muy apasionada a la lectura, al mar y los lugares serenos; con la lectura desarrolló su visión integral del conocimiento, en especial del acontecer internacional y diplomático; del mar y los lugares serenos aprendió a compartir con sus cercanos la amplitud y diversidad del pensamiento con la delicadeza de manejar matices encontrados con mutuo respeto de las ideas. Una faceta muy especial es la de haber sido amante de los animales, dedicaba parte de su tiempo a la protección y cuidado de perros y gatos, apoyando e impulsando también la Ley de Protección de los Caballos, logrando su implementación a nivel nacional. En su casa familiar tenía cantidad de gatos y perros bajo su cuidado, labor sensible que siempre contó con el apoyo de sus hijos.

Tenía un carácter fuerte pero un trato muy afable. Su carácter contrastaba con su amabilidad y bondad frente a todos. En su familia creció un lugar muy especial hacia ella más allá de sus hijos, sembrando amor sin igual como madre, tía y abuela excepcional. Siempre se ocupó por mantener la unidad familiar, dejándola hoy como ejemplo y legado. Su recuerdo es triste y alegre a la vez, al conjugarse todas sus cualidades que inspiraron y seguirán inspirando un gran respeto. ¡Hasta siempre amiga irrepetible!