Liderazgo político vs populismo

Observando en los últimos tiempos el comportamiento del liderazgo político tradicional, apartado en lo esencial de la relación o equilibrio que debe primar entre la gestión política-institucional y la representación compromiso, a mediano y largo plazo con un programa de nación esperanzador para el desarrollo del pueblo y la sociedad en general, hemos visto cómo ese liderazgo ha pasado a un populismo en la política que ha dividido a la sociedad en dos corrientes que se contraponen: la élite egoísta y corrupta (el mal) y el pueblo bueno u honesto (el bien). Además, los enfrenta de manera tal que, ante la falta de carisma de un liderazgo fuerte aparecen como de la nada, falsos líderes que se constituyen mediante el uso mercantil de herramientas de comunicación como única representación del sentir popular.

Observando, asimismo con asombro, que gran parte de ese liderazgo tradicional, que tiene a la sociedad polarizada al igual que a sus propios partidos políticos, por distintas causas, procura rellenar sus debilitados espacios con falsos líderes surgido en base a un impacto emocional de corto plazo, de gente que satisface sus emociones navegando las redes digitales sin un objetivo conceptual definido, vemos cómo crece una crisis de autoridad de las instancias tradicionales lo que profundiza el populismo.

Visto este contexto volví a transitar las páginas del libro “La Rebelión de las Masas”, la más famosa obra del filósofo español José Ortega y Gasset, considerada también de la lengua española del siglo XX, porque a pesar del tiempo desde que fue escrito, en 1930, adquiere mayor actualidad, válida para los países en todos los continentes. Y, precisamente en estos momentos que vivimos en la República Dominicana los planteamientos del autor aproximan a nuestra realidad. Nadie puede negar, por ejemplo, que vivimos “la crisis de las normas, la creencia de que ya no hay mandamientos –de ninguna clase-, de que hay solo derechos y ninguna obligación; la sustantivación de la juventud como tal hasta hacer de ella un chantaje”. Pero vemos acciones y reacciones de jóvenes, como honrosas excepciones, que no se dejan manipular, que demuestran conciencia intelectual al interpretar la política como ciencia y arte frente a los fenómenos sociales.

Crisis del liderazgo político en la tesis de Ortega y Gasset

Las razones por las que afirmamos, al igual que diversos analistas, que el liderazgo político tradicional está en crisis tiene asidero en su propia práctica según la tesis de Ortega y Gasset. Si damos una mirada retrospectiva, para no irnos muy lejos, del año 2020 a la fecha, el debilitamiento interno y externo en materia de credibilidad de actores políticos sistémicos y sus políticos venía acentuándose producto de malas conductas que incluyen el individualismo, transfuguismo, oportunismo, sumado a una representatividad interesada, falta de ideas y propuestas para el debate, cayendo de este modo en la referida tesis que dice “cuando las instituciones tradicionales pierden autoridad cualquiera, sobre todo que domine los nuevos canales de comunicación, podría convertirse en una alternativa”; yo agrego, sin ser fruto del trabajo constante ni del conocimiento y trayectoria política.

El liderazgo político sistémico de hoy ha ido dejando atrás el concepto y naturaleza de las masas populares, lo que significa una razón más de su crisis. Han olvidado que éstas representan ese importante conjunto heterogéneo de ciudadanos y ciudadanas que actúan como un tejido social leal, de apoyo, acción, movilización y legitimación de determinado líder y de su partido, siempre que sean organizados en base a conciencia y principios éticos y morales, que, para el caso de la organización que me honra presidir (MIU) deben ser principios éticos, morales y revolucionarios.

La otra masa popular, fruto de determinado creador digital, es todo lo contrario. Como cita Ortega y Gasset en su libo, “frente a ese estado emotivo, ¿no es evidente que la sensación de nuestra época se parece a la alegría y alboroto de chicos que se han escapado de la escuela?” y sigue la cita … Ahora ya no sabemos lo que va a pasar mañana en el mundo…

El verdadero fenómeno es un compromiso del liderazgo político

Lo que vive la sociedad dominicana en materia del ejercicio político es responsabilidad de todos y parece ser responsabilidad de nadie. Lo que estamos viviendo parece que nos regocija, porque, para muchos, citando de nuevo a Ortega y Gasset “ser imprevisible, ser un horizonte siempre abierto a toda posibilidad, es la vida auténtica, la verdadera plenitud de la vida.” No, estamos en un momento decadente del compromiso y responsabilidad del liderazgo político.
Esto ha dado pie a esa nueva corriente de influencer que comenzó creando de la nada la capacidad de influir en opiniones, gustos o decisiones de compras de ciertos conglomerados en internet y hoy busca penetrar en las decisiones políticas e institucionales, a través de las redes sociales. En su mayoría ese medio les genera ingresos. De esos espacios sale lo que llaman el “fenómeno Alofoque” y ya sabemos lo que está ocurriendo, en lo cual tiene su cuota la clase política sistémica y hasta diplomáticos representados en el país, como es el caso de la Embajadora de los Estados Unidos, lo cual, a nuestro modo de ver, no es un hecho aislado sino parte de una política de su presidente Donald Trump. Lo que no me queda claro es si ese acompañamiento que hace esta señora a esos falsos valores corresponde a una política oficial o más bien a una agenda personal y conductual de ella.

Con cualquier persona aspirante en la política conforme a lo que establece nuestra Constitución somos respetuosos de los derechos, pero, entre otras consideraciones, la hoja de servicios de esa persona que quiere incursionar en la política, es muy cuestionada.

Hemos reiterado en varias ocasiones que si se hacen encuestas en el país para medir la simpatía entre políticos y narcotraficantes el resultado más alto lo obtendrán los últimos.

El liderazgo político sistémico dominicano tiene una responsabilidad y compromiso con este pueblo, con las nuevas generaciones y con si mismo, en materia de honestidad, transparencia, toma de decisiones en el ámbito público, administración del poder de forma justa, fomento de la organización y la conciencia individual y colectiva, el respeto mutuo, competir con responsabilidad, elevar la calidad de su discurso, así como el fortalecimiento del sistema de partidos, en favor de la democracia y la paz.